Estaba conversando con mi abuelo Juan, una de las personas importantes
en la formación de mis valores (junto con mis viejos y rasgos de mi otro
abuelo, Rodolfo).
Entonces conversábamos ahí, sentados alrededor de la mesa principal de su casa, algunos atentos y otros despistados, estaban mis hermanos en la mesa también. Hablábamos con Juan sobre los enojos y las consecuencias de estos, también. Él nos contaba de sus malas experiencias y de lo que había podido aprender de estas.
Dani era más chico, y más inocente, aprendía de lo que le respondía de lo poco que conozco de esta vida.
De repente pasé a otro lugar, quizás a otro tiempo. Vio usted como son los sueños, tan maravillosos -en ocasiones- como impredecibles.
Y ahí estaba ella:
-Que hacías? Me dijo sonriente.
-Pensaba en vos, le dije.
A lo que respondió con un gesto difícilmente traducible en palabras, en un solo gesto expresaba un millón de cosas, y seguramente se hace largo el asunto si me pongo a detallar una por una, así que sigo:
-Vales cada minuto de mis pensamientos.
Le dije, y su sonrisa junto a su dulce mirada me bastaron por ese momento.
Me desperté sabiendo que había sido un sueño, pero que por algo lo tuve, ¡Pero claro! si está en cada espacio de mi mente, en cada rincón de mis palabras, las peleas son efímeras, tanto como la vida y el tiempo, pero el amor se queda, se queda ahí como en un tiempo que no existe, no está ni en el pasado ni en el presente ni en el futuro, simplemente está, como si se tratara de otra dimensión, como si al hablar de amor no se pudiera referir a la temporalidad.
Otro de esos sueños donde nos amamos casi tan profundamente como en vigilia.
Entonces conversábamos ahí, sentados alrededor de la mesa principal de su casa, algunos atentos y otros despistados, estaban mis hermanos en la mesa también. Hablábamos con Juan sobre los enojos y las consecuencias de estos, también. Él nos contaba de sus malas experiencias y de lo que había podido aprender de estas.
Dani era más chico, y más inocente, aprendía de lo que le respondía de lo poco que conozco de esta vida.
De repente pasé a otro lugar, quizás a otro tiempo. Vio usted como son los sueños, tan maravillosos -en ocasiones- como impredecibles.
Y ahí estaba ella:
-Que hacías? Me dijo sonriente.
-Pensaba en vos, le dije.
A lo que respondió con un gesto difícilmente traducible en palabras, en un solo gesto expresaba un millón de cosas, y seguramente se hace largo el asunto si me pongo a detallar una por una, así que sigo:
-Vales cada minuto de mis pensamientos.
Le dije, y su sonrisa junto a su dulce mirada me bastaron por ese momento.
Me desperté sabiendo que había sido un sueño, pero que por algo lo tuve, ¡Pero claro! si está en cada espacio de mi mente, en cada rincón de mis palabras, las peleas son efímeras, tanto como la vida y el tiempo, pero el amor se queda, se queda ahí como en un tiempo que no existe, no está ni en el pasado ni en el presente ni en el futuro, simplemente está, como si se tratara de otra dimensión, como si al hablar de amor no se pudiera referir a la temporalidad.
Otro de esos sueños donde nos amamos casi tan profundamente como en vigilia.
Comentarios
Publicar un comentario