Después de un largo día comienza la reflexión, comienzo a ver cosas que no veía, o mejor dicho a pensar estas de un modo diferente. El sentido de la vida va mutando lentamente y las creencias vanas se transforman de a poco en una simple desconfianza con el todo. De ahí, además surgen reflexiones cuasilógicas donde me pongo a exponer distintos temas -ninguno mas importante que el otro- , en los cuales la conclusión termina siendo parecida en varios aspectos de cada tema. Principalmente creo que es aconsejable en una primera instancia, desconfiar de todo y de todos, “todos son sospechosos hasta que se demuestre lo contrario”, para dar una cita de poca relevancia…
El tema es tan sencillo como la misma palabra, desconfianza. No puedo confiar en nada que antes no me haya demostrado que posee aspectos realmente significativos para mí en los que pueda depositar mi seguridad plena.
Otro aspecto relevante es “la palabra” como acto de promesa, aspecto fundamental y básico en esta ética prematura que surge de una simple reflexión aislada de los pensamientos diurnos.
La noche me da otra lucidez y aprovecho de ella, si la vida es corta o larga, o no sabemos cuando puede terminar en cada caso, preferible es aprovechar esos espacios temporales y hacer cosas tan cotidianas que parecen ya vulgares, pero hacerlas de un modo distinto, pensando en el presente y en el momento.
El hecho de no tener nada que hacer en este momento, o carecer de mejores ideas que escribir cosas -que posiblemente sean intrascendentes en muchos casos- me hace exponer mis principios; principios que seguramente en algún momento se transformaran. En esto acto de paupérrimo de escribir por el simple hecho de hacerlo, soy tan lógico –o tan ilógico, mejor dicho- que relaciono cosas de importancia significativa con algo simple e irrelevante como las nubes:
Parecen el reflejo de una realidad utópica, pensar en ellas me lleva a otra dimensión, mirando sus lomadas y sus curvas pienso en lugares que solo en mi cabeza existen. Pienso y sigo pensando, me doy cuenta de que forman figuras que dan muestra de majestuosidad, mis conocimientos acerca del tema son escasos, pero no al punto de creer que su formación es producto de una obra divina. Solo me remito a observarlas, su movimiento me hace creer que en ellas algo está pasando, la vida se podría estar desarrollando ahí, quiero decir, mirando las nubes no veo solo nubes, veo a través de ellas paisajes, montañas, planicies, torres de brillante majestuosidad y otro tipo de cosas que parecen no tener sentido. El hecho de encontrar en algo tan trivial como una simple nube semejante comparación, me hace creer que en otras cosas puedo ver mundos o realidades paralelas –ya acercándome al mundo real-. Esta relación es muy básica pero expresa de una manera tan especial -como mis palabras humanas lo pueden definir-, el pensamiento que tengo sobre las cosas que me rodean.
Estos principios son demasiado irrelevantes. Diran: “por eso escribió todo esto”, malditas contradicciones (propias de la vida por si falta aclarar, y de mí mismo claro…)

Muy Muy bueno, no es absurdo, es lo qe pensas y lo expresas muy bien. No qiero qe digas mas qe no sos inteligente he?
ResponderEliminarUn besito, te quiero mucho.
Despues hablamos!
Quien so?
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