Me gusta mirarte mientras dormís con tu pelo desparramado en mi cama y
sentir esa presión en el pecho que viene de mirarte, simplemente
mirarte, es un instante en el que pienso que estas ahí para mi y para
nosotros, y que no existe nada más, es la pieza toda nuestra y no hay
mundo después de la puerta. Después de las rutinas semanales y todo el
caos de este mundo del vértigo, despertarme y verte ahí, sin siquiera
decir nada, sin siquiera estar despierta, ahí siendo parte de mi mundo,
ahí dándole forma a mi mundo. Besarte en la mejilla o en la frente
aunque no te des cuenta, y en el caso de darte cuenta me respondas con
una leve sonrisa de dormida y de consciente de la situación a la vez, y
esas miradas cómplices que no necesitan palabras ni gestos ni nada mas
que no venga de nuestras almas que por ese momento se conectan con ese
amor profundo y tan inagotable.
Ahora casi todo fotografía
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