Y el tipo estaba ahí, solo, esperaba que cayera un milagro o algún sueño roto se reparara y tocara su puerta, pero nada pasó, ni los sueños descartados lo visitaron ni la soledad dejó de acompañarlo. Así estuvo gran parte de su vida, esperando y solo eso. Estaba en una habitación oscura, con baldosas que prácticamente describían el camino hacia una puerta bastante derruida, con un picaporte oxidado y en mal estado que tenía ganas de quebrarse, el techo estaba bastante percudido por el accionar de alguna gotera que lo molestaba, y las paredes ya estaban casi negras por esa cosa rara que forma la humedad cuando uno lo deja, el encierro era su triste compañía, no tenía idea de qué hacer, si pedir ayuda o no, pero por las dudas se quedaba, era tan mediocre que no pretendía nada, se conformaba con ver el piso, los muebles antiguos del lugar, y las paredes y baldosas rasgadas. De repente el pánico se apoderó de Terpau, sintió que las paredes se volvían hacia donde estaba sentado, y ...